La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes. John Lenon
Hace un par de semanas, con el análisis de apnea-hipoapnea obstructiva del sueño (vamos, que dejo de respirar mientras duermo), la neumóloga me recetó la única medicina que funciona: un respirador mecánico.
Lo que hace esta máquina es mantener una presión constante en las vías respiratorias para evitar que se cierren, lo que evita que me asfixie por las noches.
Bueno, también me prohibió el tabaco, la sal, los excitantes (como la cocacola o el té) y los relajantes (somníferos y demás), y me dijo que debía perder peso y hacer ejercicio.
Pero vamos a lo importante, el respirador mecánico.
Esta es la segunda noche que lo pruebo, así que voy a aprovechar este espacio para contar mis aventuras y desventuras con él.
NOCHE 1
La primera impresión que tienes con este aparato es que te estás ahogando.
Luego te relajas y descubres que no, pero parece que respirar es más difícil, así que te adaptas al ritmo que te marca.
Lo que no puedes hacer es abrir la boca, porque empieza a salir aire por ella y entonces sí que empiezas a asfixiarte.
Una vez estás al ritmo adecuado, resulta que poco a poco puedes empezar a respirar como te dé la gana, y entonces empiezas a pensar en las correas que te envuelven la cabeza, en que la mascarilla esté bien sujeta para que el aire no se salga y golpee tus ojos, y en otras tantas tonterías.
Y entonces empiezas a quedarte dormido, hasta que... ¡te ahogas!
¡Vamos hombre, me pongo esto para no asfixiarme por la apnea del sueño y resulta que según me quedo dormido me vuelvo a despertar porque me ahogo!
Segundo intento: al quedarme dormido me asfixio.
Vuelta a empezar.
Tercer intento: me quito la mascarilla y apago el aparato.
Por fín me duermo.
NOCHE 2
Tras el fracaso de la noche anterior, hoy me preparo, me tumbo, respiro, empiezo a relajarme... ¡y ahora me duelen las muelas!
Bueno, lo dejo pasar, me relajo... ¡dolor!
Nada, resulta que tengo una muela medio jodida y, aunque no me duele nunca, al tener aire pasando una y otra vez empieza a doler.
Me levanto, estresado porque así no hay quien viva, y me fumo un cigarro. Que lo voy a dejar, pero después de dormir del tirón al menos una noche.
Así que aquí estoy, escribiendo en orsalis en lugar de dormir.
Y mañana llamaré al dentista para que me arreglen la muela, a ver si para la semana que viene puedo dormir. Porque el dolor ya no se pasa, no. Ahora está siempre ahí...
¡Me encanta mi máquina de despirar!
Comentario publicado por
visitante el 27/07/2010 a las 17:55
De despirar y desesperar por lo que cuentas jejeje
A ver si acabas cogiendole el puntillo ;0)